lunes, 7 de mayo de 2018

TURBA


Vaya por delante mi ignorancia del mundo legislativo y del Derecho Penal, aunque pueda reivindicar el suficiente sentido común como para poder opinar sobre la sentencia que la triada judicial ha dictado para los integrantes del grupo autodenominado “La manada” y que el resto de la sociedad calificamos con otros epítetos menos amables.

Quisiera llamar la atención sobre algunos aspectos del suceso protagonizado por estos cinco individuos, que a mi entender no han quedado lo suficientemente patentes. En primer lugar habría que resaltar las conversaciones del grupo de WhatsApp preparatorias de su viaje a los sanfermines, que expresan de forma clara y contundente sus intenciones: “¿Llevamos Burundanga?. Tengo reinoles tiraditas de precio. Para las violaciones” . Hay en el grupo intención de violar y además explicitan claramente que ése es su fin principal, el objetivo del grupo. Es su forma de entender la fiesta. Hay premeditación y voluntad de violar.

En segundo lugar convendría resaltar el hecho de la superioridad numérica y, como decía mi decimonónico padre, en “edad, dignidad y gobierno”, o sea que le doblaban en peso, le llevaban una década y además eran cinco contra una, dos de ellos integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El grupo rearma, azuza, ayuda a vencer el miedo y exalta hasta la catarsis. En grupo, en manada, somos más poderosos. Un “lobo” sólo igual tiene remordimientos, dudas. En grupo es más fácil vencer los escrúpulos. Hay imposición y fuerza.

En tercer lugar no hay expresión de sensación de culpa, es más, les falta tiempo para contarlo en las redes, conscientes de que eso se va a quedar grabado y puede ser incriminatorio. Dos de ellos, por lo menos, deberían de saber distinguir qué es un delito y qué no. Se jactan de su “heroicidad” (cinco corpulentos treintañeros vejando a una cría de menos de 20 años en un portal... ¿en algún momento se plantean qué puede estar pensando su víctima?) y siguen la fiesta como si nada, a por la siguiente. Hay psicopatología, no tienen conciencia de haber hecho algo malo.

En cuarto lugar no vendría mal reflexionar sobre qué relación tienen ellos con las mujeres, qué piensan que puedan sentir, cómo se sentirían su madre, su hermana... La “manada” está integrada exclusivamente por hombres y su objetivo parece bastante claro: las mujeres son seres inferiores que ellos pueden violar en grupo y que, además de satisfacer sus instintos más primarios, dejan patente la dominación por la fuerza, sojuzgar a la víctima, sentir que pueden hacer con ella lo que quieran, hasta poder llegar a tomar una decisión definitiva, si fuera el caso. Poder, machismo y desprecio por el género humano.

Y por último, hay que resaltar cómo dejan a la víctima, tirada en el portal, conmocionada, casi sin poder hablar, sustrayéndole el móvil e incapaces de la más mínima empatía con el sufrimiento que pueda sentir esa cría. Lo que les gusta es la humillación, la opresión, el menosprecio... de la mitad de la población y además hay omisión de socorro y encubrimiento del delito.

Cuesta creer que el exclusivo y laborioso camino a la judicatura , dónde se suponen las mentes más preclaras y ponderadas de nuestra sociedad, no atisbe la actitud de estos “depredadores”. ¿De verdad piensan los jueces que no hubo violencia e intimidación y que semejante ataque a la integridad de las personas se puede solventar con tres años de reclusión (cumpliendo un tercio de la condena)?

No nos llamen turba si protestamos en la calle. Pregúntense qué les turba la mente para no imponer una condena proporcional al daño causado y al peligro social que representan y empiecen a considerar a las mujeres con los mismos derechos, deberes y libertades que a los hombres, trátenlas como seres humanos.

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas


sábado, 28 de abril de 2018

BEBER, COMER, GASTAR...


Han pasado algo más de tres años desde aquel pleno del Ayuntamiento en el que todos los grupos, que entonces estaban en la oposición, se comprometieron a buscar una solución para que la vida de muchas vecinas y vecinos del Casco Viejo no fuera una tortura la mitad de la semana, gracias al juevintxo, el desparrame de las terrazas, la tolerancia de la Policía Municipal en permitir el consumo fuera de los límites de los establecimientos hosteleros (incluso a altas horas de la noche), el nulo control sobre la contaminación acústica de bares y cafeterías y el desmadre callejero de los fines de semana. Se ve que las cosas parecen diferentes si se está en la oposición o en el gobierno y el lobby hostelero marca la pauta de lo que se puede y no se puede hacer en esta ciudad.

La modificación del PEPRI, durante la cual tanto alardeó el cuatripartito de participación y buen rollo, no sólo no sirvió para corregir los incumplimientos de la normativa y paliar las molestias al vecindario, sino que dio carta blanca a que los bares se puedan ampliar eternamente (a base de comprar bajeras adyacentes), se ignore los aislamientos que obligaban las ordenanzas, se posponga hasta el 2020 o 2025 (o sine die hasta que el local hiciera reformas y ni aún entonces) las condiciones que tenían que cumplir las cafeterías y bares existentes y se introducían sutiles modificaciones que hacen aún más difícil a los habitantes del barrio soportar una presión y unas incomodidades que rayan el maltrato. “Vete a vivir a otro lado” es la frase que más hemos oído hasta ahora. Y no olvidemos que UPN, a pesar de sus buenas palabras en los recesos, aprovechó para aprobar en el último momento una enmienda que defendía que los bares pudiesen estar con las puertas abiertas aunque tuviesen la música puesta, una ilegalidad que difícilmente se sustenta.

En este trienio de gobernanza las cosas no han mejorado, más al contrario, según el testimonio de muchos habitantes del Casco Viejo. No para todos, claro, algunos engordan su cartera con esta situación y otros mejoramos nuestras condiciones de vida... porque nos vamos del barrio.

Y la cosa sigue, porque ahora le ha tocado el turno a los albergues, establecimientos hosteleros low cost, con menores exigencias arquitectónicas y por tanto más fácil de encajar en la infinidad de locales vacíos que van quedando en el barrio y que despiertan la avaricia de los chiripitifláuticos emprendedores que nos rodean. La sobreabundancia de eventos que apabullan “la curva de la Estafeta”, ese despoblamiento de nuestras viviendas (con un 11% menos de población, un 35% menos de chavalería y un 41% menos de población emigrante desde 2006), ese frenesí por “vender ciudad”, que tan bien les va a algunos y que convence al resto de que aquí no se puede vivir, esa deriva decadente del comercio, vapuleado por las grandes firmas, unos gobernantes acuciados por la rentabilidad y un mundo que evoluciona sin control, está deshabitando un lugar donde los y las iruindarras hemos vivido durante más de dos milenios y que está a punto de convertirse en un parque temático del mercantilismo más ramplón.  

La vida debería de ser algo más que beber, comer y gastar, o eso pensábamos la gente que nos decíamos de izquierdas.

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas

sábado, 17 de febrero de 2018

HE VISTO COSAS...


He visto cosas que no podríais creer. He visto gente hablando sola por la calle, algunos incluso por el móvil. He visto gente hipercomunicada que no tiene con quien hablar. He visto equiparar la estupidez y la sabiduría, poniendo en la misma bandeja el conocimiento y la ignorancia. He visto máquinas que fabrican órganos, ingeniadas por sabios que salvan vidas, para recuperar estúpidos en busca de notoriedad, que se hacen virales escaldándose con cubos de agua hirviendo o reventándose las entrañas con pastillas de detergente.

He visto premiar a los ejecutivos que han arruinado las empresas y abocado a miles de trabajadores a la miseria, privatizando las ganancias y socializando las pérdidas. He visto a los gobiernos rescatar a los bancos con el dinero del estado para luego pedir préstamos a esos bancos para poder financiar las arcas públicas (ahora sí, con un buen interés). He visto empobrecer a la gente que produce bienes y realiza servicios con su fuerza de trabajo y prosperar a los vagos improductivos que nada aportan y de nada sirven. He visto países en la indigencia, donde su población malvive con un cuenco de arroz al día, gastarse miles de millones en armamento, vendido por los dueños de la Tierra. He visto niños soldados más pequeños que el AK-47 que manejan. He visto que en pleno siglo XXI el comercio de esclavos sigue operativo en muchas zonas del planeta mientras en otras se lleva a las mascotas a la peluquería, la manicura o el psicólogo.

He visto producir basura a un ritmo indigerible y exportarla para que los pobres tengan algo en donde rebuscar, mientras los coches se vuelven inteligentes, los ordenadores piensan por nosotros, el genoma humano nos descubre el secreto de la vida y nuestros telescopios alcanzan los confines del Universo. He visto a los oprimidos votar a sus opresores y a las víctimas defender a sus verdugos. He visto a los dictadores alardear de democracia y reclamar sus derechos y a nuestros guardianes apalearnos por creer en la justicia. He visto a los ignorantes adoctrinar a los sabios y a los estúpidos reivindicar con orgullo su necedad. He visto despreciar a la mitad de la población, abusar de ella y negarle la dignidad y la justicia por el único hecho de ser mujer.

He visto ponderar la superchería y los falsos milagros y despreciar el milagro de la ciencia y el conocimiento. He visto gente considerada culta creer en un dios que, dicen, nació de una virgen, caminaba sobre las aguas, convertía el agua en vino, multiplicaba los peces y resucitaba a los muertos, dueño de un más allá del que nadie ha vuelto. He visto adorar a un dios misericordioso, clemente y compasivo pero necesitado del genocidio y el martirio en su nombre. He visto gente que se dice piadosa cuyo dogma niega a sus hijos una trasfusión que salvaría sus vidas. He visto gente, empecinada en otorgar la condición de persona al embrión humano, desdeñar a los ya nacidos y negarles el derecho a morir con dignidad a los agónicos y a los que renuncian a existir. He visto adorar a un dios más preocupado en prohibir el amor entre semejantes que en salvar a los miles que mueren de forma injusta, un dios mezquino que prefiere condenar al fuego eterno a dos personas que se quieren que ayudar a los desprotegidos, víctimas de la codicia, la indecencia o la injusticia. He visto a los que se arrogan la preeminencia moral de nuestras sociedades abusar de los infantes y destrozar sus vidas.

Pero también he visto amor, generosidad, altruismo, abnegación, humanidad, inteligencia, hospitalidad y grandeza que me ayuda a soportar tanta iniquidad, vileza y egoísmo. Lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Lo que da sentido a la vida y lo que la hace insoportable. La grandeza y la miseria de una existencia insignificante y contradictoria en un cosmos inconmensurable. Y con todo ello sólo puedo sentirme agradecido por la vida que me ha tocado vivir y entonar un deseo universal: amen... en vez de amén.

Suyo, afectadísimo, Juanito Monsergas

miércoles, 24 de enero de 2018

EN APOYO DE PATXI ZAMORA


Durante muchos años la Caja de Ahorros de Navarra fue el referente económico de Navarra. Muchas personas tuvimos algún tipo de relación laboral, comercial, social o profesional con la CAN. Desde su fundación al amparo de Diputación el año 1921 hasta su desaparición en 2012 la andadura de esta caja de ahorros fue sobresaliente hasta prácticamente la última década. Hubo muchos años de bonanza y crecimiento económico que hacían presagiar que, el buque insignia de la economía navarra que manejaba más de la mitad de la economía de la comunidad era indestructible: a comienzos del milenio a nadie se le pasaba por la cabeza que, entidad tan solvente, conservadora y con tantas reservas, pudiera irse al traste. 

Pero llegó Enrique Goñi, ejecutivo atrevido donde los haya, con una más que cuestionable experiencia en el sector y un desmedido ego, apadrinado (o para ser más exactos, impuesto) por el entonces presidente del Gobierno Foral Miguel Sanz. Bajo el mandato de tan agudo timonel se sustituyó la meritocracia por la sumisión y comenzó un intento de expansión, (contraria a la mesura y ponderación imprescindibles con los dineros ajenos), aprovechándose de las reservas, activos e inmovilizado acumulados durante ocho décadas de brillante crecimiento. Pretendió que una caja de ahorros de una autonomía uniprovincial de medio millón de habitantes se lanzase a conquistar el mercado financiero nacional y, como esto también se le quedó pequeño, desembarcó en Washington a captar el capital estadounidense. “Navarra siempre p’alante”

Cualquier estudiante de primero de Económicas hubiera apreciado el dislate pero “el emperador seguía desnudo” y nadie osó contradecirle o si alguien lo hizo fue rápidamente comprado o defenestrado. Se remodelaron todas las oficinas de la CAN, se compraron numerosos y espléndidos locales en muchas Comunidades Autónomas, se organizaron viajes de lujo, se sustituyó la plantilla  a base de jubilaciones y nuevas contrataciones en busca de docilidad y sumisión, se multiplicaron las jefaturas, dietas, viajes, eventos, grandes campañas publicitarias, se fusionó con otras dos cajas minúsculas (aunque tuvo que aceptar a Cajasol como socio necesario a instancias de Banco de España), se salió a Bolsa... y al poco ya era pasto de los tiburones que la absorbieron por la deuda con el FROB. Nadie pareció ser responsable de tan nefasta gestión y nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando... ¿o sí?.

A pesar de todo, este expolio no quedó semi oculto para los que trabajamos en la CAN ni ignorado para el resto de la ciudadanía, gracias a la labor de personas como Patxi Zamora, Alberto Gil y Aritz Intxusta, que, tras un arduo y competente trabajo, supieron desgranar muchas de las irregularidades, ilegalidades y despropósitos de la última década de la entidad navarra. Consiguieron devolvernos un poco de dignidad a los que trabajamos en la CAN, al publicar El Banquete, en cuyas páginas se recogieron muchos detalles de lo acontecido en esa década y donde se señalaba a los responsables con nombres y apellidos.

Ahora, una mano oculta ejerce su venganza sobre este valiente trabajador de Iberia, dejando constancia que se castiga al denunciante en vez de al criminal.  Se fueron de rositas aquellos que dilapidaron el esfuerzo colectivo como si fuera su propio patrimonio de manera tan irresponsable como ignorante y se escarmienta a quien tuvo el valor de publicar los hechos. Buena muestra de que los poderosos siguen moviendo los hilos pero también de que aquel libro dio en el clavo. Ánimo Patxi, no estás sólo.

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas

domingo, 15 de octubre de 2017

Majadahonda, Altsasu, Catalunya, ...

Hace cosa de un mes (que pronto se olvidan las noticias...) hubo una trifulca terrible provocada por la negativa de los organizadores de un festival de música en Majadahonda a superar el aforo local, lo que provocó graves disturbios entre los jóvenes que se habían quedado fuera del recinto y los guardias de seguridad del evento. Los incidentes continuaron hasta altas horas de la madrugada con los agentes de la policía nacional y de la guardia civil que acudieron para intentar controlar la batalla campal que duró hasta bien entrada la madrugada y tuvieron que repeler el lanzamiento de piedras, botellas, sillas y todo tipo de objetos. La tangana se saldo con quince jóvenes heridos y veintisiete detenidos y a nadie se le ha ocurrido calificar hechos tan graves en otra cosa que no sea una trifulca callejera sin mayores consecuencias.

Esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque hay ocho jóvenes de Alsasua que, tras una bronca nocturna en un bar de la localidad con unos guardia civiles de paisano, están acusados de terrorismo y se les pide trescientos setenta y cinco años de cárcel. Distintas varas de medir dependiendo del lugar de nuestra geografía en la que te encuentres.

Por lo visto todas las manifestaciones ultrapatrióticas que hemos visto estos días a lo largo y ancho de la piel de toro, en las que han reverdecido las muestras de fervor “nacional-católico falangista y de las JONS” de exaltación franquista, con múltiples cantos “cara al sol” y saludo fascista incluido, el jaleo del “a por ellos” de los familiares de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, las amenazas por parte de un diputado al president de Catalunya diciéndole que acabaría como Lluis Companys, fusilado por los fascistas, o las desmedidas agresiones a gente pacífica e indefensa, no merecen ni siquiera un pequeño comentario de esta justicia que, algunas veces, más que ciega parece idiota.


La inconsciencia e ineptitud de quien manda a los de la porra a “arreglar” un problema político que exige diálogo e inteligencia no hace sino corroborar la talla profesional del mandatario empecinado en no querer ver la realidad. Terrorista es quien practica el terror para acojonar a la población, o eso creía yo...

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas.

sábado, 14 de octubre de 2017

RECUPERAR LA JUVENTUD


Hoy, viendo el telediario, he creído recuperar mi juventud. Por un momento he sentido las ganas de vivir y pelear de mi adolescencia, con aquella insensatez y lozanía de un mundo por descubrir. Mi cuerpo cansado, ahíto de goteras y mi resabiada y desconfiada mente, con los años acumulados como ladrillos, se han esfumado dando paso a una frescura olvidada en el fondo de mis sinapsis. 

El noticiario mostraba imágenes de una manifestación que reprobaba las ansias consultivas e independentistas de muchos catalanes. Los gritos contra el nacionalismo catalán y el segregacionismo salían de las bocas indignadas que clamaban contra la insensatez de un proyecto incierto y a favor de la unidad de los españoles.

Fugazmente, la cámara enfoca una camiseta que me retrotrae medio siglo atrás. Es sólo un momento, ya que, al contrario de otras imágenes repetidas una y otra vez hasta la saciedad, ésta no vuelve a aparecer en ningún informativo ni programa de debate en ninguna de las cadenas televisivas. El individuo que porta la reivindicativa camiseta, luce en su pecho la cara de Millán Astrain en una conocida foto de la época, con el inconfundible lema, esencia de su ideología: ¡Viva la muerte!

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas

domingo, 3 de septiembre de 2017

LENGUAJE VISCERAL


Cada vez más, los científicos insisten en ubicar el lenguaje distribuido por todo el cerebro, sin embargo parece ser que aquellas palabras y frases que nos salen de forma visceral, sin pensar, como los tacos o las interjecciones, radican en algún punto muy concreto de nuestro hemisferio derecho, el que tradicionalmente alberga nuestros sentimientos, la imaginación o el cálculo aproximativo. Conocí al padre de un amigo que, tras sufrir un ictus, había perdido el habla y solo acertaba a pronunciar un repetitivo “ti ti ti…”. Cuando se enfadaba, por no poder comunicar lo que rondaba por su cabeza pronunciaba un sonoro y claro “¡cagüendios!”. No es el único caso que he conocido de enfermos cerebrales con la limitación de decir, exclusivamente, tacos.

A pesar de lo que puedan decir los pusilánimes y envarados política y léxicamente correctos, los juramentos y blasfemias son inherentes a los seres humanos y el lenguaje no estaría completo sin las palabrotas. Son necesarias e imprescindibles. Pero, ¿cómo utilizarlas? ¿Cómo explicarle a un extranjero la diferencia de matiz entre una maldición y otra expresión airada? ¿Cómo diferenciar un taco de una blasfemia? ¿Cómo explicar el sentido de frases casi iguales que significan cosas tan diferentes? Intentaré dar una somera explicación con el convencimiento de que me voy a dejar en el tintero una gran parte del amplísimo mundo de los juramentos, tacos y palabrotas.

El tema sexual está muy presente en este tipo de expresiones y su número tiene mucho que ver. Así por ejemplo “vale un huevo” o “…un cojón” indica carestía; “echarle dos cojones” “o “…un par de huevos” sugiere fuerza y arrojo y “tres cojones me importa” hace referencia a escasez y nadería, aunque a veces se suele decir “Estaba de tres cojones” para expresar calidad o excelencia. Para recalcar la bondad de algo se dice que “¡está cojonudo!”,  a veces se nombran en gran cantidad para expresar satisfacción o excelencia: “estaba de mil pares de cojones” y para expresar placidez o agrado se dice que “Se está de cojones”. El tamaño importa, como no podía ser de otra manera y nunca se mencionan cuando son pequeños: “¡Menudos cojones tenía el tío!”.
Si de algo se dice que… “¡Tiene cojones!” es porque tiene fundamento o es algo extraordinario. “Por los cojones” suele referirse a improbable o ironía. Sin embargo, cuando se dice “¡Por mis cojones!” denota determinación y resolución de llevar algo a cabo. Lo mismo que cuando se dice "¡Por mis santos cojones!", en cuya acepción se da un marchamo de santidad que corrobora el buen fin de lo propuesto. Por el contrario, pasarse algo “Por el forro de los cojones” quiere decir que no se va a llevar a efecto o que es improbable. “Qué cojones tiene” o “qué huevos tiene” se suele referir a valor aunque a veces indica vagancia o indolencia, en cuyo caso sería más claro la expresión superlativa: “¡Vaya cojones que tiene!” o “¡Qué cojonazos!”.  Cuando se dice “¡Qué cojones!”  o “¡Cojones!” a secas puede indicar sorpresa, admiración, afán de recalcar, contrariedad… Otras veces se mencionan para indicar desacuerdo, “¡Sí hombre…! ¡Los cojones!”.  Cuando se dice “Poner los cojones sobre la mesa” implica que se impuso en una situación de desacuerdo. “Lo que me sale de los cojones” es hacer la propia voluntad y “tener los cojones negros” se refiere a haber estado en muchas ocupaciones o labores. Uno “Manda cojones” cuando se ve sorprendido por la insensatez o el desatino, está “de cojones” si se encuentra placenteramente y se tiene que aguantar si “no tiene más cojones”. A veces se usa para demostrar asombro o incomprensión, “Pero, ¿Qué cojones quiere decir eso?”. Cuando alguien se los toca indica vagancia, ociosidad o indolencia: “Se está tocando los cojones”. Sin embargo si es a otro al que se le tocan quiere decir que se le está incordiando, “¡No me toques los cojones!”. A veces se hace mención a cierto número para construir una frase que indique incredulidad y desapego: “Ya, ¡Y mis cojones treintaytres!”. Finalmente estar “acojonado” expresa miedo, temor o cobardía, sin embargo si algo es “acojonante” es que es fantástico y si es “descojonante” es que es para partirse de risa.

Así como los testículos participan en un montón de expresiones con múltiples significados y sentidos, la polla, el cipote, la chorra, el pito, la verga, el falo, el apio, la pilila, el rabo, el nabo, la minga, el pajarito… no tiene tantos dichos. Si que es cierto que se usa en frases como “Partirse la polla” para expresar una risa exagerada y “ser la polla” alude a una facultad o habilidad especial. Estar "achorrado" viene a significar falta de capacidad, "estar atontado"“Tocarse la chorra” se emplea en el sentido de vagancia, “¿Qué chorra dices?” se usa para expresar falta de comprensión o “¡Qué chorra más da!” para recalcar que algo no tiene importancia, pero la verdad es que hay muchas menos expresiones viscerales con este atributo en cuestión.

El coño también sale a relucir en nuestro léxico intempestivo: exclamado sin atributos, “¡Coño!” expresa sorpresa y admiración y cuando va en interrogación sirve para recalcar la pregunta: “¿Qué coño pasa aquí?” o darle más énfasis “¿Y a ti qué coño te importa?”.  Unas veces se le menciona como destino indeseable, “¡Vete al coño de tu madre!” y otras como lugar despreciativo, “¡Me lo paso por el coño!”. No se suele emplear mucho en el sentido de “tocárselo” como sinónimo de no hacer nada: en ese caso se hace mención a “la breva”, “Estaba todo el día tocándose la breva”. El coño también hace referencia a lejanía, en cuyo caso se le asigna el quinto número cardinal: “Está en el quinto coño”. Se hace referencia a capricho o elección, “Haré lo que me salga del coño”. Otras veces se menciona al órgano de “la Bernarda” para indicar desastre o desorden “Aquello era el coño de la Bernarda”, se supone que porque todo el mundo andaba por allí sin orden ni concierto.

El culo si que tiene un montón de frases adjudicadas. La más extendida es “¡Que le den por el culo!” para indicar desprecio o desdén y “Mandar a tomar por el culo” manifiesta deseo de quitarse a alguien de encima, despreciarlo o como mínimo ignorarlo. “Me da por el culo” indica desagrado. “Le han dado por el culo” quiere decir que ha salido perjudicado. “Le ha salido de culo” denota imperfección y desastre, “Ir de culo” significa que va mal y “Ha quedado como el culo” revela que la actuación ha sido desastrosa. Ser un “caraculo” o un "tontolculo" no precisa explicación y “tener la gracia en el culo” es ser un metepatas, inoportuno e inapropiado.  Por lo general, todas las expresiones que se refieren al culo, y que abundan en el lenguaje coloquial, indican que las cosas han salido mal, no son apropiadas o se sale perjudicado, sea la situación que sea.

Complemento del culo es cagarse en algo o alguien como forma de denostar y vilipendiar una situación o al prójimo. “Mecagüenlaputa” se lleva la palma en el ranking de las deposiciones, aunque “Mecagüendios” no se queda atrás. En esto de defecar virtual o platónicamente (idealmente) hay un amplio muestrario de expresiones, alguna tan común como “mecagüenlaleche”, “cagüenelcopón”, “cagüenlahostia” o “cagüenlomásbarrido” hasta otros más particulares y localistas  como “mecagüen los zapatitos del niño Jesús”, “mecagüen la putísima Concepción, “mecagüentusmuelas” o “mecagüen la madre que me partió el armario”, etcétera. etcétera,  poniendo cada uno su particular destino a lo que le sale del culo dependiendo de lugares, generaciones, costumbres y apetencias, siendo imposible recoger siquiera una aproximación de todas las expresiones que circulan por nuestras gargantas. Aquí convendría hacer mención de “la mierda” tantas veces en boca de todos  y que combina el famoso “vete a la mierda”, que denota desprecio, con el “ganó dinero como mierda”, refiriéndose a abundancia, si bien la comparación, “eso es una mierda” admite pocos matices. Cuando precisamos zanjar un asunto de manera extemporánea, exclamamos el insustituible “¡A la mierda!” y resulta difícil evitar pronunciar “¡mierda!” de forma mecánica cada vez que algo nos sale mal.

Pero si hay un comodín que se utilice en todo tipo de expresiones, favorables y desfavorables, esa es “puta” y sus descendientes y ascendientes, “Hijo puta” y “Puta madre”. Las abuelas se suelen dejar al margen.
El más socorrido e impersonal es “mecagüenlaputa”, imprecación que, sin referirse a nadie en concreto brota en cualquier contrariedad. Cuando "mecagoensuputamadre" está claro que no estoy contento con alguien y es palabra recia de usar selectivamente si no queremos llegar a las manos. Para indicar que algo va bien o ha salido satisfactoriamente se dice “de puta madre”, pero si no estás contento con la actuación de alguien se alude a “su puta madre” aunque esta expresión adquiere tantos significados que convendrá que nos paremos en ella. Si se dice “Vete con tu puta madre” se le anima a alguien a irse a espanzurrar pero cuando se dice “Fuimos de puta madre” quiere decir que el viaje transcurrió sin dificultades. Por lo general, cuando se dice “de puta madre” es que es bueno o ha quedado bien pero si decimos “su puta madre” referido a algún acontecimiento es que algo ha salido mal.
Llamarle a alguien “hijoputa”, “hideputa” o “hijo de la grandísima puta” es un insulto de los gordos, no obstante muchas veces nos referimos a algún con un “¿Qué pasa hijoputa?” aunque hay que tener mucha confianza con él para llamarlo así. A veces también decimos refiriéndonos a alguien “¡Qué hijoputa!” para referirnos a alguien con una cualidad especial o que ha logrado algo digno de mención.
Ser “el puto amo” es destacar en algo, hacer algo muy bien, pero cuando quieres quitarte a alguien de encima y denostarlo se le manda “a la puta mierda”. Hacer mención a “la puta que lo parió” es denigrar a alguien aunque en lenguaje coloquial también se usa entre colegas para destacar algún logro o cualidad. Y está claro que “…una putada” es una faena que te hace alguien, un contratiempo o un revés.

El “joder” tiene también lo suyo. Se es un “jodido” si eres retorcido y difícil de tratar aunque la acepción más común para “estar jodido” es pasar una mala situación. “¡Que te jodan!” es como una maldición que le deseas al prójimo y “¡joder!” a palo seco y a bote pronto es signo de contrariedad y enervamiento, aunque existen multitud de variantes y matices con esta expresión tan manida. Andar “jodiendo la manta” significa incordiar y “¡Hay que joderse!” implica resignación y aceptar las contrariedades sobrevenidas. La “jodienda” tiene muchas expresiones  casi siempre negativas y el habitual “¡…no te jode!” se refiere a asombro o rechazo, aunque su significado y usos son amplísimos.

No podemos olvidarnos de la hostia y el copón. Cuando algo “Es la hostia” se refiere a que es algo grandioso o por lo menos de gran tamaño, aunque su utilización es tan variopinta y con tan múltiples significados que hay que acudir al contexto para saber de qué se está hablando: “ese tío es la hostia”, “hizo la hostia”, “aquello fue la hostia”“jugó de la hostia”, … sin olvidarnos de la imprecación “¡Hostia!”, “¡La rehostia!” y todas las maneras suaves de decirlo que la pacatería ha diseñado a lo largo de los años: “¡La ostrivirí!”, “¡La hosmia!”, “¡Hostitú!” “¡La Hordiga!”, “¡La Hospitalera!”, etc.etc.etc.

Y por supuesto solemos combinar unas imprecaciones y otras y aliñarlas con insultos de lo más variados e imaginativos. A los clásicos “cabrón”, “maricón”, “idiota”, “atontado”, “gilipollas”, “bobo”, “animal”, “cerdo”, “capullo”, “caraculo”, “chulo”, “estúpido”, “gamberro”, “huevón”, “imbécil”, “anormal”, “macarra”, “majadero”, “mamarracho”, “metepatas”, “necio”, “palurdo”, “paleto”, “pardillo”, “pedante”, “pelele”, “pelma”, “pringado”, “ridículo”, “ruin”, “soplapollas”, “soso”, “tontolaba”, “vacaburra”, “vaina”, “zafio”, “zascandil”, “zorrón”…. podríamos añadirles miles y miles en un inventario casi imposible de enumerar.

Dejémoslo aquí, que ya me he cansado y, pienso, que con esta breve reseña, el guiri que se asome a nuestra lengua tendrá una buena dosis de conocimiento para poder conversar y entender nuestro amplio léxico juramentil, orgullo de nuestra lengua e idiosincrasia patria. Amén.

 Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas.