domingo, 15 de octubre de 2017

Majadahonda, Altsasu, Catalunya, ...

Hace cosa de un mes (que pronto se olvidan las noticias...) hubo una trifulca terrible provocada por la negativa de los organizadores de un festival de música en Majadahonda a superar el aforo local, lo que provocó graves disturbios entre los jóvenes que se habían quedado fuera del recinto y los guardias de seguridad del evento. Los incidentes continuaron hasta altas horas de la madrugada con los agentes de la policía nacional y de la guardia civil que acudieron para intentar controlar la batalla campal que duró hasta bien entrada la madrugada y tuvieron que repeler el lanzamiento de piedras, botellas, sillas y todo tipo de objetos. La tangana se saldo con quince jóvenes heridos y veintisiete detenidos y a nadie se le ha ocurrido calificar hechos tan graves en otra cosa que no sea una trifulca callejera sin mayores consecuencias.

Esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque hay ocho jóvenes de Alsasua que, tras una bronca nocturna en un bar de la localidad con unos guardia civiles de paisano, están acusados de terrorismo y se les pide trescientos setenta y cinco años de cárcel. Distintas varas de medir dependiendo del lugar de nuestra geografía en la que te encuentres.

Por lo visto todas las manifestaciones ultrapatrióticas que hemos visto estos días a lo largo y ancho de la piel de toro, en las que han reverdecido las muestras de fervor “nacional-católico falangista y de las JONS” de exaltación franquista, con múltiples cantos “cara al sol” y saludo fascista incluido, el jaleo del “a por ellos” de los familiares de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, las amenazas por parte de un diputado al president de Catalunya diciéndole que acabaría como Lluis Companys, fusilado por los fascistas, o las desmedidas agresiones a gente pacífica e indefensa, no merecen ni siquiera un pequeño comentario de esta justicia que, algunas veces, más que ciega parece idiota.


La inconsciencia e ineptitud de quien manda a los de la porra a “arreglar” un problema político que exige diálogo e inteligencia no hace sino corroborar la talla profesional del mandatario empecinado en no querer ver la realidad. Terrorista es quien practica el terror para acojonar a la población, o eso creía yo...

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas.

sábado, 14 de octubre de 2017

RECUPERAR LA JUVENTUD


Hoy, viendo el telediario, he creído recuperar mi juventud. Por un momento he sentido las ganas de vivir y pelear de mi adolescencia, con aquella insensatez y lozanía de un mundo por descubrir. Mi cuerpo cansado, ahíto de goteras y mi resabiada y desconfiada mente, con los años acumulados como ladrillos, se han esfumado dando paso a una frescura olvidada en el fondo de mis sinapsis. 

El noticiario mostraba imágenes de una manifestación que reprobaba las ansias consultivas e independentistas de muchos catalanes. Los gritos contra el nacionalismo catalán y el segregacionismo salían de las bocas indignadas que clamaban contra la insensatez de un proyecto incierto y a favor de la unidad de los españoles.

Fugazmente, la cámara enfoca una camiseta que me retrotrae medio siglo atrás. Es sólo un momento, ya que, al contrario de otras imágenes repetidas una y otra vez hasta la saciedad, ésta no vuelve a aparecer en ningún informativo ni programa de debate en ninguna de las cadenas televisivas. El individuo que porta la reivindicativa camiseta, luce en su pecho la cara de Millán Astrain en una conocida foto de la época, con el inconfundible lema, esencia de su ideología: ¡Viva la muerte!

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas

domingo, 3 de septiembre de 2017

LENGUAJE VISCERAL


Cada vez más, los científicos insisten en ubicar el lenguaje distribuido por todo el cerebro, sin embargo parece ser que aquellas palabras y frases que nos salen de forma visceral, sin pensar, como los tacos o las interjecciones, radican en algún punto muy concreto de nuestro hemisferio derecho, el que tradicionalmente alberga nuestros sentimientos, la imaginación o el cálculo aproximativo. Conocí al padre de un amigo que, tras sufrir un ictus, había perdido el habla y solo acertaba a pronunciar un repetitivo “ti ti ti…”. Cuando se enfadaba, por no poder comunicar lo que rondaba por su cabeza pronunciaba un sonoro y claro “¡cagüendios!”. No es el único caso que he conocido de enfermos cerebrales con la limitación de decir, exclusivamente, tacos.

A pesar de lo que puedan decir los pusilánimes y envarados política y léxicamente correctos, los juramentos y blasfemias son inherentes a los seres humanos y el lenguaje no estaría completo sin las palabrotas. Son necesarias e imprescindibles. Pero, ¿cómo utilizarlas? ¿Cómo explicarle a un extranjero la diferencia de matiz entre una maldición y otra expresión airada? ¿Cómo diferenciar un taco de una blasfemia? ¿Cómo explicar el sentido de frases casi iguales que significan cosas tan diferentes? Intentaré dar una somera explicación con el convencimiento de que me voy a dejar en el tintero una gran parte del amplísimo mundo de los juramentos, tacos y palabrotas.

El tema sexual está muy presente en este tipo de expresiones y su número tiene mucho que ver. Así por ejemplo “vale un huevo” o “…un cojón” indica carestía; “echarle dos cojones” “o “…un par de huevos” sugiere fuerza y arrojo y “tres cojones me importa” hace referencia a escasez y nadería, aunque a veces se suele decir “Estaba de tres cojones” para expresar calidad o excelencia. Para recalcar la bondad de algo se dice que “¡está cojonudo!”,  a veces se nombran en gran cantidad para expresar satisfacción o excelencia: “estaba de mil pares de cojones” y para expresar placidez o agrado se dice que “Se está de cojones”. El tamaño importa, como no podía ser de otra manera y nunca se mencionan cuando son pequeños: “¡Menudos cojones tenía el tío!”.
Si de algo se dice que… “¡Tiene cojones!” es porque tiene fundamento o es algo extraordinario. “Por los cojones” suele referirse a improbable o ironía. Sin embargo, cuando se dice “¡Por mis cojones!” denota determinación y resolución de llevar algo a cabo. Por el contrario, pasarse algo “Por el forro de los cojones” quiere decir que no se va a llevar a efecto o que es improbable. “Qué cojones tiene” o “qué huevos tiene” se suele referir a valor aunque a veces indica vagancia o indolencia, en cuyo caso sería más claro la expresión superlativa: “¡Vaya cojones que tiene!” o “¡Qué cojonazos!”.  Cuando se dice “¡Qué cojones!”  o “¡Cojones!” a secas puede indicar sorpresa, admiración, afán de recalcar, contrariedad… Otras veces se mencionan para indicar desacuerdo, “¡Sí hombre…! ¡Los cojones!”.  Cuando se dice “Poner los cojones sobre la mesa” implica que se impuso en una situación de desacuerdo. “Lo que me sale de los cojones” es hacer la propia voluntad y “tener los cojones negros” se refiere a haber estado en muchas ocupaciones o labores. Uno “Manda cojones” cuando se ve sorprendido por la insensatez o el desatino, está “de cojones” si se encuentra placenteramente y se tiene que aguantar si “no tiene más cojones”. A veces se usa para demostrar asombro o incomprensión, “Pero, ¿Qué cojones quiere decir eso?”. Cuando alguien se los toca indica vagancia, ociosidad o indolencia: “Se está tocando los cojones”. Sin embargo si es a otro al que se le tocan quiere decir que se le está incordiando, “¡No me toques los cojones!”. A veces se hace mención a cierto número para construir una frase que indique incredulidad y desapego: “Ya, ¡Y mis cojones treintaytres!”. Finalmente estar “acojonado” expresa miedo, temor o cobardía, sin embargo si algo es “acojonante” es que es fantástico y si es “descojonante” es que es para partirse de risa.

Así como los testículos participan en un montón de expresiones con múltiples significados y sentidos, la polla, el cipote, la chorra, el pito, la verga, el falo, el apio, la pilila, el rabo, el nabo, la minga, el pajarito… no tiene tantos dichos. Si que es cierto que se usa en frases como “Partirse la polla” para expresar una risa exagerada y “ser la polla” alude a una facultad o habilidad especial. “Tocarse la chorra” se emplea en el sentido de vagancia, “¿Qué chorra dices?” para expresar falta de comprensión o “¡Qué chorra más da!” para recalcar que algo no tiene importancia, pero la verdad es que no me vienen a la mente muchas más expresiones viscerales con el atributo en cuestión.

El coño también sale a relucir en nuestro léxico intempestivo: exclamado sin atributos, “¡Coño!” expresa sorpresa y admiración y cuando va en interrogación sirve para recalcar la pregunta: “¿Qué coño pasa aquí?” o darle más énfasis “¿Y a ti qué coño te importa?”.  Unas veces se le menciona como destino indeseable, “¡Vete al coño de tu madre!” y otras como lugar despreciativo, “¡Me lo paso por el coño!”. No se suele emplear mucho en el sentido de “tocárselo” como sinónimo de no hacer nada: en ese caso se hace mención a “la breva”, “Estaba todo el día tocándose la breva”. El coño también hace referencia a lejanía, en cuyo caso se le asigna el quinto número cardinal: “Está en el quinto coño”. Se hace referencia a capricho o elección, “Haré lo que me salga del coño”. Otras veces se menciona al órgano de “la Bernarda” para indicar desastre o desorden “Aquello era el coño de la Bernarda”, se supone que porque todo el mundo andaba por allí sin orden ni concierto.

El culo si que tiene un montón de frases adjudicadas. La más extendida es “¡Que le den por el culo!” para indicar desprecio o desdén y “Mandar a tomar por el culo” manifiesta deseo de quitarse a alguien de encima, despreciarlo o como mínimo ignorarlo. “Me da por el culo” indica desagrado. “Le han dado por el culo” quiere decir que ha salido perjudicado. “Le ha salido de culo” denota imperfección y desastre, “Ir de culo” significa que va mal y “Ha quedado como el culo” revela que la actuación ha sido desastrosa. Ser un “caraculo” o un "tontolculo" no precisa explicación y “tener la gracia en el culo” es ser un metepatas, inoportuno e inapropiado.  Por lo general, todas las expresiones que se refieren al culo, y que abundan en el lenguaje coloquial, indican que las cosas han salido mal, no son apropiadas o se sale perjudicado, sea la situación que sea.

Complemento del culo es cagarse en algo o alguien como forma de denostar y vilipendiar una situación o al prójimo. “Mecagüenlaputa” se lleva la palma en el ranking de las deposiciones, aunque “Mecagüendios” no se queda atrás. En esto de defecar virtual o platónicamente (idealmente) hay un amplio muestrario de expresiones, alguna tan común como “mecagüenlaleche”, “cagüenelcopón”, “cagüenlahostia” o “cagüenlomásbarrido” hasta otros más particulares y localistas  como “mecagüen los zapatitos del niño Jesús”, “mecagüen la putísima Concepción, “mecagüentusmuelas” o “mecagüen la madre que me partió el armario”, etcétera. etcétera,  poniendo cada uno su particular destino a lo que le sale del culo dependiendo de lugares, generaciones, costumbres y apetencias, siendo imposible recoger siquiera una aproximación de todas las expresiones que circulan por nuestras gargantas. Aquí convendría hacer mención de “la mierda” tantas veces en boca de todos  y que combina el famoso “vete a la mierda”, que denota desprecio, con el “ganó dinero como mierda”, refiriéndose a abundancia, si bien la comparación, “eso es una mierda” admite pocos matices. Cuando precisamos zanjar un asunto de manera extemporánea, exclamamos el insustituible “¡A la mierda!” y resulta difícil evitar pronunciar “¡mierda!” de forma mecánica cada vez que algo nos sale mal.

Pero si hay un comodín que se utilice en todo tipo de expresiones, favorables y desfavorables, esa es “puta” y sus descendientes y ascendientes, “Hijo puta” y “Puta madre”. Las abuelas se suelen dejar al margen.
El más socorrido e impersonal es “mecagüenlaputa”, imprecación que, sin referirse a nadie en concreto brota en cualquier contrariedad. Cuando "mecagoensuputamadre" está claro que no estoy contento con alguien y es palabra recia de usar selectivamente si no queremos llegar a las manos. Para indicar que algo va bien o ha salido satisfactoriamente se dice “de puta madre”, pero si no estás contento con la actuación de alguien se alude a “su puta madre” aunque esta expresión adquiere tantos significados que convendrá que nos paremos en ella. Si se dice “Vete con tu puta madre” se le anima a alguien a irse a espanzurrar pero cuando se dice “Fuimos de puta madre” quiere decir que el viaje transcurrió sin dificultades. Por lo general, cuando se dice “de puta madre” es que es bueno o ha quedado bien pero si decimos “su puta madre” referido a algún acontecimiento es que algo ha salido mal.
Llamarle a alguien “hijoputa”, “hideputa” o “hijo de la grandísima puta” es un insulto de los gordos, no obstante muchas veces nos referimos a algún con un “¿Qué pasa hijoputa?” aunque hay que tener mucha confianza con él para llamarlo así. A veces también decimos refiriéndonos a alguien “¡Qué hijoputa!” para referirnos a alguien con una cualidad especial o que ha logrado algo digno de mención.
Ser “el puto amo” es destacar en algo, hacer algo muy bien, pero cuando quieres quitarte a alguien de encima y denostarlo se le manda “a la puta mierda”. Hacer mención a “la puta que lo parió” es denigrar a alguien aunque en lenguaje coloquial también se usa entre colegas para destacar algún logro o cualidad. Y está claro que “…una putada” es una faena que te hace alguien, un contratiempo o un revés.

El “joder” tiene también lo suyo. Se es un “jodido” si eres retorcido y difícil de tratar aunque la acepción más común para “estar jodido” es pasar una mala situación. “¡Que te jodan!” es como una maldición que le deseas al prójimo y “¡joder!” a palo seco y a bote pronto es signo de contrariedad y enervamiento, aunque existen multitud de variantes y matices con esta expresión tan manida. Andar “jodiendo la manta” significa incordiar y “¡Hay que joderse!” implica resignación y aceptar las contrariedades sobrevenidas. La “jodienda” tiene muchas expresiones  casi siempre negativas y el habitual “¡…no te jode!” se refiere a asombro o rechazo, aunque su significado y usos son amplísimos.

No podemos olvidarnos de la hostia y el copón. Cuando algo “Es la hostia” se refiere a que es algo grandioso o por lo menos de gran tamaño, aunque su utilización es tan variopinta y con tan múltiples significados que hay que acudir al contexto para saber de qué se está hablando: “ese tío es la hostia”, “hizo la hostia”, “aquello fue la hostia”“jugó de la hostia”, … sin olvidarnos de la imprecación “¡Hostia!”, “¡La rehostia!” y todas las maneras suaves de decirlo que la pacatería ha diseñado a lo largo de los años: “¡La ostrivirí!”, “¡La hosmia!”, “¡Hostitú!” “¡La Hordiga!”, “¡La Hospitalera!”, etc.etc.etc.

Y por supuesto solemos combinar unas imprecaciones y otras y aliñarlas con insultos de lo más variados e imaginativos. A los clásicos “cabrón”, “maricón”, “idiota”, “atontado”, “gilipollas”, “bobo”, “animal”, “cerdo”, “capullo”, “caraculo”, “chulo”, “estúpido”, “gamberro”, “huevón”, “imbécil”, “anormal”, “macarra”, “majadero”, “mamarracho”, “metepatas”, “necio”, “palurdo”, “paleto”, “pardillo”, “pedante”, “pelele”, “pelma”, “pringado”, “ridículo”, “ruin”, “soplapollas”, “soso”, “tontolaba”, “vacaburra”, “vaina”, “zafio”, “zascandil”, “zorrón”…. podríamos añadirles miles y miles en un inventario casi imposible de enumerar.

Dejémoslo aquí, que ya me he cansado y, pienso, que con esta breve reseña, el guiri que se asome a nuestra lengua tendrá una buena dosis de conocimiento para poder conversar y entender nuestro amplio léxico juramentil, orgullo de nuestra lengua e idiosincrasia patria. Amén.

 Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas.



IMANES


Me llama la atención el abrazo protagonizado entre los padres del niño asesinado en la Rambla y el imán de Rubí. Un gesto recogido por la prensa como uno de los momentos más emotivos del acto que tuvo lugar en la plaza del Ayuntamiento de la localidad del pequeño y cuyo gesto arrancó los aplausos de los concentrados al grito de No tinc por.

No me cabe duda que los gestos, solidaridades, ceremonias, simbolismos y actitudes son importantes cuando sucede una catástrofe, una desgracia o un acto terrorífico como el que se vivió en las Ramblas a mediados de agosto. Los familiares de los fallecidos, los heridos, las personas que vivieron ese trance, la sociedad entera necesita algún tipo de ceremonial que conjure el mal trago pasado aunque no cambie el pasado ni sirva de vacuna para el futuro. Es momento de expresar nuestra solidaridad y empatía y, aunque me parece imprescindible que la comunidad musulmana se posicione en contra de los asesinos y a favor de las víctimas, no entiendo demasiado bien ese abrazo.

Porque los responsables religiosos de las mezquitas no son totalmente inocentes, aunque tampoco se les pueda considerar culpables. Ellos predican una religión monoteísta que, lo queramos ver o no, margina a la mujer, reniega de la ciencia y los valores de la ilustración, nos consideran infieles a los que tienen otras creencias religiosas, somos ateos o agnósticos y pretenden extender su alucinante y extemporánea doctrina al resto de la humanidad, unos por las buenas y otros (los protagonistas del desaguisado) por las malas. 

Respeto que cada uno busque su propia filosofía y consuelo vital en la intimidad, que se sirva de las creencias que su comunidad haya podido tener a lo largo de su existencia y que interprete los misterios cósmicos como mejor le venga en gana, pero hay que recordarles que nuestra sociedad no se rige por creencias morales o religiosas, que nos hemos dotado de leyes que dicen, no lo que hay que hacer, sino lo que está prohibido y atenta al resto de la colectividad, que todas las personas tenemos los mismos deberes y derechos y que no admitimos discriminación por razones de nacionalidad, ideología, religión, sexo, etc.

Las personas de nuestra sociedad han luchado por conquistar unos valores de libertad, fraternidad e igualdad, se rigen por principios democráticos y racionalistas, alcanzando  grandes logros tecnológicos y científicos. Nuestros pueblos y ciudades están abiertos a la gente que viene de otras culturas y otras tierras pero es condición sine qua nom que acepten la ley y nuestra forma de vida. Y su doctrina, lo mismo que otras religiones, no se ha actualizado con los principios, valores y descubrimientos consensuados por nuestra comunidad. No podemos tolerar que los prejuicios, la ignorancia y el despotismo se difundan en sus mezquitas, iglesias o sinagogas. Los respetaré cuando desde sus púlpitos y minaretes toleren al diferente, acaten nuestras leyes y consideren a las mujeres de forma equitativa a los hombres. Hasta entonces, sus imanes me repelen. Y sí, tinc por, pero lo venceré, porque los que lucharon por la libertad, el conocimiento y la solidaridad humana también lo tuvieron y lo superaron, aunque les costase la vida.

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas

jueves, 31 de agosto de 2017

EL SER HUMANO: COMPLEJO Y CONTRADICTORIO


En verano, cuando las noticias escasean y las distintas cadenas televisivas echan mano de  eventos curiosos, insignificantes o ridículos, a veces nos llegan sucesos que ponen en duda la cadena evolutiva.

En Madeira, un viejo árbol se desplomó ocasionando la muerte de trece personas. Los fallecidos asistían a una romería, honrando a la virgen del Monte, durante los actos con motivo de la festividad de la Asunción de la virgen María, que se celebran bajo un arce centenario. Al parecer el tronco estaba hueco y algunas ramas ya se habían desprendido unos meses antes. Las autoridades, que ya habían sido advertidas del peligro, decidieron dejar a la providencia divina la protección de los fieles que oraban bajo su carcomida fronda.  Seguro que el año que viene no faltan fieles.

No es la primera desgracia en la que la divinidad se muestra ineficaz a tenor de los decesos ocurridos, por ejemplo, en la peregrinación que se hace todos los años a La Meca, en cuyo evento se van sucediendo las desgracias año a año. Desde 1.987 se han contabilizado más de 4.500 muertes por avalanchas, aglomeraciones, insolaciones, derrumbes y tempestades. ¿Será consciente Alá de las consecuencias de llevar a los mil quinientos millones de musulmanes en peregrinación a La Meca? Seguro que no tiene ningún interés económico en ello.

En la India (¡mil cien millones de habitantes!), la condena del gurú Gurmeet Ram Rahim Singh Ji Insan por violación múltiple, acusado también de asesinato y haber castrado a 400 fieles “para alcanzar a dios”, derivó en protestas y disturbios que ocasionaron la muerte de 32 personas y cientos de heridos. El mismo Nobel de la Paz indio, Kailash Satyarthi, ha tenido que recordar que hay que proteger a las víctimas y no a los violadores, aunque no parece tener el carisma del santón ni hilo directo con el Altísimo.

La siguiente noticia tiene que ver con el festejo de un pueblo que, a falta de presupuesto para realizar un encierro con toros, no se les ha ocurrido mejor idea que lanzar una bola enorme de poliexpan (florespan, que dicen los entendidos) por las empinadas calles del villorrio. La cosa es que cada año hacen la bola más grande y la de este año le ha golpeado a un vecino contra el vallado y le ha producido un traumatismo craneoncefálico que, los médicos intentarán paliar y su familia sobrellevar. Las declaraciones de vecinos y autoridades no tienen desperdicio. A nadie se le ocurre, tras la desgracia, suprimir entretenimiento tan absurdo, eliminando festejo tan descerebrado o, por lo menos, reduciendo el tamaño del bolo hasta unas dimensiones adecuadas para no causar tal estropicio. No, lo que están pensando para el año que viene es acolchar el vallado y dar instrucciones a los beodos participantes en fiestas tan imaginativas, para que sepan que no se puede parar una esfera de trescientos kilos con las manos. ¿De verdad tenemos que seguir invirtiendo en i+d?

La última noticia que voy a referir se ha puesto de moda gracias a las nuevas tecnologías de lanzarse un cubo de agua hirviendo por la cabeza. Resulta que, hace ya un tiempo, se puso de moda echarse un balde de agua helada para promocionar una campaña de concienciación de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y eso les dio la idea a las mentes privilegiadas que pululan por internet para poner de moda otra costumbre que consiste en lanzarse un cubo de agua a punto de evaporarse por encima como un reto o de lanzársela al prójimo como una gracia, que ha causado no pocas quemaduras, ingresos hospitalarios y secuelas de achicharramiento por pura necedad. No hay mejor ejemplo de lo que es un estúpido: alguien que se crea un perjuicio, con coste añadido para la sociedad y sin generar ningún tipo de beneficio. ¿A nadie se le ha ocurrido, todavía, meter la cabeza en una prensa?. Todavía estoy a tiempo de hacerlo viral.

Está claro que la humanidad ha conseguido logros tan espectaculares como descifrar el secreto de la vida y la inmortalidad, conocer los confines del universo, alcanzar cotas tecnológicas inimaginables. Ya están funcionando impresoras 3D que hacen piel humana... para reparar a los descerebrados que se echan cubos de agua hirviendo por la cabeza.

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas

sábado, 26 de agosto de 2017

CONVIVENCIA


Nuestras ciudades y barrios se llenan de diversidad. Hace años que las calles han sido invadidas por coches y vehículos a motor, pero últimamente las aceras, feudo peatonal mientras no se demuestre lo contrario, también son ocupadas por otros tipos de máquinas que proliferan de manera, a mi entender, poco reglada, a menudo caótica y poco respetuosa para el viandante. 

Los hay que, perfectamente ataviados, circulan con sus bicis (eléctricas pero también con motor de alubias) por aceras y calzadas con mayor o menor prisa y pericia. Otros, más ancianos, conducen sus sillas de ruedas eléctricas o empujadas por cuidadores, salvando obstáculos, incapaces de moverse de forma autónoma. Los más jóvenes y avezados comienzan a utilizar una serie de artilugios tan variopintos como innovadores: skaters, hovewrboards, segways, ruedas autopropulsadas, patines y patinetes eléctricos de todo tipo, modelos y precio... así que los pobres peatones vemos invadidas las aceras (donde las hay y la calzada no es un todo uniforme) por gente motorizada que complica nuestro cotidiano deambular urbano.

¿Existe normativa al respecto? Viendo como aplica el ayuntamiento la reglamentación existente sobre el espacio público, dudo mucho que ni siquiera contemple redactarla. Porque me parece muy bien que cada uno se compre lo que su cartera le permita y tenga cuantos caprichos y aficiones se proponga, siempre que mi espacio vital, autonomía, ritmo existencial y dignidad no se vean afectadas. Nadie puede, a excepción de las emergencias justificadas y el bien común consensuado, invadir el espacio que cada uno tenemos para vivir y ejercer nuestras propias necesidades. Nadie tiene derecho a acelerarnos por su propio capricho o actividad. Nadie debería ocupar, asediar o violentar nuestra existencia por mera  ocurrencia o entretenimiento. Y esto es algo que, en los últimos tiempos, parece que se nos olvida. El espacio propio, la dignidad y el respeto al prójimo.

Me parece muy bien que quieras tener una mascota pero deberías de llevarla sujeta para que yo no tenga que compartirla, porque puede que yo tenga alergia, miedo o simplemente no me gusten (y limpiar sus deposiciones, que a veces se te olvida). Estás en tu derecho de andar en bici, pero si vas por la acera deberías tener claro que la prioridad es del peatón y amoldarte a la velocidad de éste. Entiendo que estés trabajando y quizás estás muy atareado pero yo no tengo la culpa ni debo moverme a tu ritmo. Celebro que te hayas comprado ese coche tan chulo y te guste hacerlo rugir pero te recuerdo que, esa tonelada de chatarra lanzada a la velocidad que manejas, mata y que más de la mitad de las personas muertas por atropello lo es en pasos de peatones. Admiro la potencia de ese altavoz portátil tan potente como diminuto que utilizas para escuchar esa música que te vuelve loco, pero a los que estamos alrededor también nos vuelve locos aunque por otro motivo. Te agradezco que me quieras hacer partícipe de tus juergas y marchas nocturnas, pero prefiero descansar un piso más arriba y me gustaría que lo hicieras dentro del local y a ser posible que éste controlara sus decibelios y aislamiento para no forzarnos a los vecinos a participar en tan divertida jarana.

Me gustaría que el espacio público fuera eso: público y no de un gremio o empresa concretos y que una parte de la población no lo monopolice a su gusto. Respeto tus creencias. por muy insólitas y estrambóticas que me parezcan, pero te agradecería que no me las impongas y que hagas tus ceremonias en locales privados y no en medio de la calle.

Todos somos iguales y diferentes al mismo tiempo así que estaría bien que nos respetásemos unos a otros y nos molestásemos lo menos posible. Estaría bien CONVIVIR.

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas.

VALORES


Cuesta imaginar que, con la evolución humana casi desentrañada, el genoma humano secuenciado y los médicos arañando el secreto de la inmortalidad, haya conciudadanos nuestros que se empeñan en agarrarse a una religión que niega la evidencia, el conocimiento científico y pretende convertir al resto de la humanidad a sangre y fuego. Hay quien dice que no es sólo el componente religioso el que empuja a estos nuevos “hashashins” a cometer las barbaridades que amenazan nuestra acomodada sociedad occidental, pero lo indiscriminado de sus ataques, la diferente extracción de sus autores o la arbitrariedad de una guerra contra todo y todos aliñada por afrentas prestadas o medievales, corrobora, además del ingrediente dogmático, factores políticos, sociales y personales.

Creo que son sinceras la mayoría de las manifestaciones de solidaridad que se han dado estos días desde el ámbito musulmán y que una gran parte de aquellos islamistas afincados en nuestros países son respetuosos con la ley y obran de buena fe, pero no me cabe duda que alguno habrá que vea a estos nuevos guerreros kamikaces como mártires dignos de encomio aunque, lógicamente, no lo exprese en público.

Nuestra sociedad, gracias a las nuevas tecnologías y movilidad, es plural y diversa. Cada vez estamos más mezclados y resulta imposible ponerle freno a las migraciones que, de forma previsible, se realizan entre los distintos Estados en busca de un mayor confort y una mejor calidad de vida. Los muros de contención se demuestran insuficientes y, a la larga, ineficaces. Un sólo mundo, una sola humanidad, un  único territorio: interconectado, interrelacionado e interdependiente. Los ríos, las montañas, los pájaros... no conocen fronteras y si el fuego avanza es inútil pedirle el pasaporte. Si el vecino tiene problemas, tarde o temprano nos los contagiará. 

Necesitamos consensuar una serie de valores que nos permitan convivir, avanzar socialmente y alcanzar una hermandad universal dentro de nuestra propia diversidad. Me parece imprescindible que todas las personas tengamos los mismos deberes y derechos. La igualdad de género no se puede demorar ni se puede respetar a quien no acepte este precepto (¡qué casualidad que todas las religiones discriminen a la mujer!). Gobiernos democráticos y separación de poderes, garantistas de la libertad individual y el bien colectivo. Respeto por el medio ambiente y cuidado del habitat, entendiendo el progreso con una dimensión de futuro.

Somos iguales y somos diferentes. Necesitamos convivir en esta Tierra que es legado de nuestros antepasados y herencia para el futuro. Es necesario recobrar los valores solidarios, altruistas y racionalistas porque si no hacemos por salvarnos todos no sobreviviremos ninguno.

Suyo afectadísimo: Juanito Monsergas