domingo, 15 de febrero de 2026

LA INVASIÓN DE LOS CUERPOS ULTRAS

 

Ahora que se ha puesto de moda lo de reinventar, reinterpretar, resignificar,... he descubierto lo que se ha dado en llamar lectura diagonal. Parece ser que consiste en recorrer con la vista de izquierda a derecha y de arriba a abajo, fijándose en palabras clave, títulos y negritas para captar ideas principales rápidamente; vamos, lo que antes decíamos “echar un vistazo”. Y hay que ver la manía que nos ha entrado en el nuevo milenio con la prisa, la abundancia y la épica. Si hay que leer un libro hay que hacerlo atodahostia, si vamos a ver una imagen nos enganchamos a un chorizo interminable de microestímulos sin fin (y sin principios, dicho sea de paso) y cualquier cosa que veamos, hagamos o compartamos ha de ser épica: lo nunca visto. Y se ven las cosas más estrambóticas que se pueda imaginar y las opiniones más descabelladas que, hace sesenta años, a nadie se le ocurriría defender a riesgo de acabar con una camisa de fuerza en el frenopático (terraplanistas, antivacunas, negacionistas, antievolucionistas...).


Las redes sociales y los medios de comunicación, tan presentes hoy en día, nos bombardean con insultos y descalificaciones entre los políticos, crueldades sin límite, persecuciones y linchamientos, posturas maniqueas que dividen a la sociedad en dos bloques irreconciliables. ¿Dónde quedó aquello de “contra la intolerancia: tolerancia cero”? Los discursos más extremos parecen tener un gran predicamento y se multiplican los dirigentes autoritarios: Milei, Bukele, Putin, Trump, Netanyahu... Su esperpéntica verborrea despierta pasiones en sus seguidores y terror en los desafectos. Las derechas cercenando los derechos ajenos mientras reivindican la libertad (¿o era el libertinaje?).


Todos somos el estúpido de alguien y, hasta los más inteligentes, dicen y cometen estupideces. James Dewey Watson, Premio Nobel de Medicina en 1962, defendía que los negros, por el mero hecho de serlo, eran menos inteligentes que los blancos y que las mujeres no podían alcanzar la inteligencia de los hombres. Kary Mullis premio Nobel de Química en 1993, creía en la astrología, negaba el sida y el cambio climático. ¿Son tan estúpidos como aparentan? ¿Es maldad o estupidez? ¿O son las dos cosas?.


Pero, ¿Qué es la estupidez? Siempre había creído que la estupidez era lo contrario de la inteligencia pero, dado que no escasean los estúpidos inteligentes, parece que tiene bastante que ver con la arrogancia, la avaricia, el egoísmo, la pereza, el empecinamiento, la cortedad de miras... y de eso nadie andamos faltos. Roland Breeur, en su libro En torno a la estupidez, ahondando en el pensamiento de Descartes, asegura que “la cara oculta de la estupidez no es el saber, sino la generosidad”. Sartre, que también reflexionó sobre el tema escribió: “Toda verdad está dotada de un exterior que siempre ignoraré. Así, la actitud de generosidad consiste en lanzar la verdad a los otros para que se vuelva infinita en la medida en que se me escapa”.


Ahora la izquierda se quiere reinventar para frenar a la extrema derecha y a la derecha extrema. No les vendría mal un poco de generosidad (y de humildad) para reconocer errores y buscar la unión que nos permita plantar cara a esos déspotas iluminados que dicen tener soluciones tan sencillas (y tan drásticas) a los complejos problemas que aquejan al planeta.


Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas


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