En respuesta a: https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/cartas-al-director/2026/04/09/eutanasia-ley-muerte-10915825.html
«La muerte, como el nacimiento, es propia de la vida. Andar es tanto levantar el pie como bajarlo al suelo.» Rabindranath Tagore.
Sorprende la virulencia de Sandra Ares para condenar la ley de eutanasia. Nadie le obliga a que se “eutanasie” y cada persona es muy libre de sufrir su agonía como le plazca. Ya sabemos que hay gente que se siente mejor persona mortificando su cuerpo y padeciendo dolores y penalidades: eso tiene una denominación específica, pero no es mi caso ni el de mucha gente que me rodea.
La ley ampara que no se prolongue mi vida artificialmente en caso de sufrir una enfermedad irreversible e incurable, de padecer un daño cerebral severo o en caso de demencia irreversible y desde luego se ha de dejar por escrito esa voluntad en un momento de plena lucidez y con todas las garantías necesarias.
No entiendo su interés por decirle a los demás como han de acabar sus días cuando termina su misiva diciendo que “cada uno es libre de vivir su vida y con quién desea compartirla” y aún me asombra más su creencia en los ángeles y en “la luz que nos guía hacia lo infinito”. Cada uno puede pensar en la trascendencia que su pensamiento le dicte pero me choca que, alguien tan creyente en la otra vida y en un paraíso celestial tan placentero no tenga más ganas de acceder a él y prefiera alargar la expiración aún a costa de perder la consciencia, dejar de ser la persona que fue, sufrir y convertirse en un vegetal.
Me considero una persona afortunada cuando acudo al sistema sanitario que cuida de mi salud y me arregla, en la medida de lo posible, mis goteras y enfermedades; me recompone cuando me rompo o apaña mis gastados órganos cuando empiezan a fallar. Estoy muy contento con las personas que me rodean y me tienen afecto pero, cuando no pueda andar o deba estar encamado, confunda, olvide o no reconozca a mis seres cercanos, pierda el control de mis esfínteres, pierda la capacidad de comunicarme verbalmente y no sea consciente de lo que sucede en mi entorno, creo que ya no seré la persona que fui sino un lastre y un cadáver a medio morir al que hay que ayudar a dormir para siempre. Aunque solo sea por amor a mis seres queridos y no darles más trabajo del necesario.
Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas.
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