No voy a hablar hoy de la publicidad del Banco Santander que, en todas las procelosas aguas de internet donde aparece su reclamo publicitario para que lleves tu nómina y te den 840 euros, luce un sangrante “consígelos” que casi me deja ciego... sino que voy a hablar del fibermaxxing, que es una moda, con denominación anglosajona como no podía ser de otra manera, referida a la preocupación por el correcto (co-recto) funcionamiento intestinal.
Se ve que las “chicas en boga” (parece que la tendencia tiene sesgo femenino), están muy preocupadas por la salud y les inquieta sobremanera la digestión y consiguiente evacuación de los alimentos que las mantienen monísimas de la muerte, superchachis y megafetén, para atraer a triunfadores, glamourosos y megamolamazos del mundo entero.
Esa ansiedad por saber si defecas perfectamente les hace a las influenciadoras grabarse la sesión colonoscópica o la visita al proptólogo, como si fueran al rinconcito de lujo más “chic” y dar cuenta de lo exclusivo del universo que habitan.
Ni qué decir tiene que ya hay un montón de “profesionales” (médicos, naturópatas, sanadores, terapeutas y otros con nombres muy raros y muy anglosajones) que han descubierto un nuevo nicho comerciable en el que desarrollar su innovadora y benéfica profesión y, de paso, engordar un mercado que promete merchandaising para todas y cada una de las patologías reales, potenciales o imaginadas: inodoros específicos, apps de análisis de heces, detectores de gérmenes extraños en nuestras cacotas, laboratorios incorporados a la taza del váter o incluso pañales con IA para palominos.
“Stoolgazing” le llaman a observar las heces y ya hay un hastag al respecto: #hotgirlshaveibs: las tías buenas tienen el colon irritable.
Nunca, ni en los momentos más álgidos de mi fase anal, habría imaginado un mundo tan entrañable. Sólo se me ocurre una cosa: ¡váyanse todos a la mierda!.
Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas
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