domingo, 15 de octubre de 2017

Majadahonda, Altsasu, Catalunya, ...

Hace cosa de un mes (que pronto se olvidan las noticias...) hubo una trifulca terrible provocada por la negativa de los organizadores de un festival de música en Majadahonda a superar el aforo local, lo que provocó graves disturbios entre los jóvenes que se habían quedado fuera del recinto y los guardias de seguridad del evento. Los incidentes continuaron hasta altas horas de la madrugada con los agentes de la policía nacional y de la guardia civil que acudieron para intentar controlar la batalla campal que duró hasta bien entrada la madrugada y tuvieron que repeler el lanzamiento de piedras, botellas, sillas y todo tipo de objetos. La tangana se saldo con quince jóvenes heridos y veintisiete detenidos y a nadie se le ha ocurrido calificar hechos tan graves en otra cosa que no sea una trifulca callejera sin mayores consecuencias.

Esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque hay ocho jóvenes de Alsasua que, tras una bronca nocturna en un bar de la localidad con unos guardia civiles de paisano, están acusados de terrorismo y se les pide trescientos setenta y cinco años de cárcel. Distintas varas de medir dependiendo del lugar de nuestra geografía en la que te encuentres.

Por lo visto todas las manifestaciones ultrapatrióticas que hemos visto estos días a lo largo y ancho de la piel de toro, en las que han reverdecido las muestras de fervor “nacional-católico falangista y de las JONS” de exaltación franquista, con múltiples cantos “cara al sol” y saludo fascista incluido, el jaleo del “a por ellos” de los familiares de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, las amenazas por parte de un diputado al president de Catalunya diciéndole que acabaría como Lluis Companys, fusilado por los fascistas, o las desmedidas agresiones a gente pacífica e indefensa, no merecen ni siquiera un pequeño comentario de esta justicia que, algunas veces, más que ciega parece idiota.


La inconsciencia e ineptitud de quien manda a los de la porra a “arreglar” un problema político que exige diálogo e inteligencia no hace sino corroborar la talla profesional del mandatario empecinado en no querer ver la realidad. Terrorista es quien practica el terror para acojonar a la población, o eso creía yo...

Suyo, afectadísimo: Juanito Monsergas.

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